El sueño es el estado fisiológico en el que las especies animales y los seres humanos reposan con el fin de restaurar el organismo: se conserva energía y es esencial para la termorregulación. El insomnio es el padecimiento que impide conciliar o mantener el sueño por periodos largos. Se clasifica en tres tipos: insomnio agudo, cuando éste dura menos de cuatro semanas; subagudo, cuando se padece de entre cuatro a seis meses; y crónico, cuando tiene una duración mayor a los seis meses.

Las causas del insomnio pueden ser varias, tales como el estrés ocasionado por preocupaciones laborales, sociales o económicas, el espacio en el que se decide descansar, hábitos irregulares del sueño y cambios frecuentes de horarios, malos hábitos alimenticios (cenar demasiado o nada), efectos secundarios de medicamentos, y ansiedad excesiva, entre otras.

Algunas consecuencias de la privación del sueño son: depresión, dificultades de concentración, cansancio, irritabilidad, somnolencia, entre otras.

Desde el antiguo Egipto existen remedios para tratar el insomnio. El lactucario, líquido lechoso extraído de los tallos de lechugas y que contiene propiedades sedativas, es utilizado desde los tiempos de los egipcios para relajar el cuerpo y conciliar el sueño.

Los glíridos son pequeños roedores similares a un ratón conocidos por sus largos periodos de hibernación. Los romanos concluyeron que untar grasa de glírido en los pies ayuda a tener un mejor sueño.

En la época victoriana se creía que la magnoterapia (terapia magnética) curaba todo: desde la pérdida de cabello hasta la indigestión. Naturalmente, el insomnio era tratado con ésta.

Antonio Mizauld, físico francés del siglo XVI, le recetaba a los pacientes con problemas de sueño que se untaran en las cejas una mezcla formada por agua de rosas, vinagre y leche materna.

El pensador renacentista Gerolamo Cardano sugería bañar los dientes en cerilla de perro para poder dormir mejor.

La publicación en 1879 del diario canadiense de ciencia médica recomendaba el uso del ungüento de la planta venenosa de apiaceae.

Varios remedios caseros se siguen utilizando para tratar el padecimiento. Tomar un vaso de leche tibia antes de acostarse o escuchar música clásica son un par de los más populares. También se recomienda tener una vida activa con ejercicio diario que involucre un gasto de energía importante. En general, llevar una vida más sana que se refleje a la hora de dormir.

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