Comparar la cafeína (que podríamos considerar una sustancia ergogénica) con la manzana no es algo muy adecuado ya que se trata de dos cosas totalmente diferentes.

El café: te mantiene despierto mediante la “cafeína”, que genera dos efectos en tu organismo, por un lado estimula el sistema nervioso, y por otro lado mejora el rendimiento en esfuerzos prolongados provocando la quema de grasas como combustible en lugar de carbohidratos.
Con el consumo del café hay que tener en cuenta dos elementos, primero el hecho de que genera deshidratación y en segundo lugar que es recomendable que sea ingerido siempre antes del esfuerzo físico o mental.

La manzana: se trata de uno de los alimentos con mayores beneficios científicamente probados para la salud.
Es generalmente conocido que poseé importantes nutrientes, vitaminas y valores energéticos que lo convierten en un combustible perfecto para nuestro día a día.

Sin embrago:
La manzana es rica en calorías, el combustible del cuerpo humano.

La acción de comerla pone en funcionamiento muchos músculos, además del contenido bioquímico de la manzana, que si bien no es tan efectiva como el valor cafeínico que tiene el café, se compensa con la acción de comerla.

El café es un estimulante pero su efecto dura un poco menos mientras que la manzana te despierta porque activa tu metabolismo gracias a que tiene mucha fibra y es compleja de digerir.

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