Desde sus orígenes en la Edad Media, cuando se acostumbraba que el pueblo diera rienda suelta a la diversión y alegría durante la semana previa a la Cuaresma, el Carnaval ha sido una festividad popular que aún tiene vigencia en muchas partes del mundo.

La también llamada “Fiesta de la carne”(etimológicamente, carnaval deriva de las palabras italianas carne vale, que significa “carne adiós”), en la que el pueblo literalmente se “hartaba de comerla”, llegaba a su fin con el inicio de la Cuaresma, es decir, los 40 días de recogimiento y reflexión que anteceden a la Semana Santa. Durante este lapso quedaba prohibido consumir carne, organizar fiestas y diversiones, el pueblo vivía en penitencia y los actos espirituales dominaban la escena popular.

Hoy, el carnaval sigue siendo una fiesta popular en la que reina la alegría, la diversión y en ciertos casos, los excesos, pero ha perdido en gran parte algunos aspectos que le dieron origen. Mérida es una de las ciudades del mundo que celebra una semana de festejos con motivo del carnaval que, como casi en todos lados, ya tiene muy poca relación con el sentido litúrgico de la Cuaresma.

Entrevistado al respecto, el Lic. Jorge H. Álvarez Rendón, cronista de la ciudad, recuerda que a principios de siglo los carnavales meridanos contaban con una organización muy cuidadosa para que los desfiles por las principales calles tuviesen el mayor lucimiento posible. A mediados del siglo XX, indica, los carnavales meridanos cayeron en “un bache organizacional”, es decir, no existía un programa establecido para los paseos.

“Al ritmo del mambo, chacha y cumbia”

-La gente salía a las puertas de la casa para ver pasar vehículos, casi siempre camiones de redilas con grupos de jóvenes que se divertían arrojando a los transeúntes serpentinas, flores, confeti y en casos extremos, huevos con harina o polvo de añil para manchar de azul la cara de los demás -recuerda.
-Había enfrentamientos y algunas faltas de respeto entre los jóvenes, pero en el fondo era una situación tolerable, si se considera que era una semana de desenfrenos.

-Predominaban en esa época los ritmos musicales que todavía permanecen en el gusto del público: mambo, cha-cha-chá y cumbia, además de los temas que popularizó Celia Cruz. -Me parece que hoy día el Carnaval de Mérida ha mejorado, existe un comité que organiza los festejos, hay un programa de actividades y desfiles en un orden y ruta establecidos.

-Sin embargo, algunas cuestiones de contexto han cambiado el sentido de la festividad. Entre otras cosas, el aspecto comercial que envuelve a los paseos y que se manifiesta en carros alegóricos tapizados de publicidad -agrega el cronista.

¿Dónde quedó el significado del carnaval?

-También se ha perdido la esencia del carnaval. Vivimos en una sociedad con tantas libertades que hoy existen diversiones para todos los gustos, todos los días del año, de manera que el carnaval puede pasar como una de tantas posibilidades para salir a divertirse.

-Ahora bien, en otra época, el fin del carnaval marcaba también el fin de la alegría y la diversión, había que asumir una actitud de recogimiento y moderación, reflexión y penitencia ante el inicio de la Cuaresma, cuyo momento culminante es la Semana Santa y la Pascua.

-Actualmente el carnaval termina y de todas formas la gente sigue yendo al cine, a la discoteca, los bares, a la playa y ofrece fiestas, se va de compras. En fin, no se cumple la otra parte del trato: a cambio de una semana de desenfreno, fiesta y algarabía, cuarenta días de moderación y dos semanas de reflexión espiritual.

-Ya no podemos hablar de un escape de tensiones y salida a los problemas cotidianos, porque los escapes y salidas a estas tensiones están disponibles todos los días.

-El Carnaval de Mérida es una fiesta familiar hasta cierto punto, ya que cuando los hijos crecen se van solos a Paseo de Montejo para echar relajo y estar en el ambiente festivo.

-El yucateco, por lo general, no es dado a expresar alegría por medio del desenfreno; en este sentido somos un poco más moderados y reservados, como se advierte en las comparsas que intervienen en los desfiles.

-En Veracruz, como en Brasil, existe mucha influencia africana, la gente de color tiene un ritmo y entusiasmo que la hace especial; esto también es determinante para que algunos carnavales tengan más emotividad y alegría que otros -concluye.

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