Dentro de las artesanías de Yucatán que más llamaron la atención a los colonizadores españoles, se encontraban las mantas tejidas por las indígenas mayas, que por su gran calidad llegaron a ser tributos para los encomenderos. Pero la vestimenta tradicional, el hipil y el terno para las mujeres, y la guayabera para los hombres, fueron adaptaciones que se realizaron tomando elementos de distintas procedencias, realizando un mestizaje cultural, de técnicas, de materiales, etc.

La realización del terno traje típico de la mestiza toma alrededor de 6 meses, ya que hacer la mágica combinación de colores y crear esta pieza única de vestir no es nada fácil, es completamente hecha a mano y al terminarla se convierte en una “obra de arte”.

El Traje típico consta de tres piezas, de ahí el nombre de TERNO.

La primera el jubón, es una solapa cuadrada de veinte o más centímetros de ancho que va unida al cuello del hipil, dicho hipil llega hasta las rodillas considerándose, la segunda parte del terno. La tercera el fustán, que es un medio fondo que se sujeta a la cintura con una pretina de la misma tela, debajo del hipil. Cada una de estas prendas lleva un ruedo bordado en punto de cruz.
No hay que olvidar el rebozo, cuyo colorido armoniza con el terno de la mestiza. El bordado yucateco data de la época prehispánica, pues incluso en el cenote de Chichén Itzá se han encontrado vestigios de prendas con el bordado maya “chuy cab” (“punto de satín” en español). La tradición del bordado se transmite, por lo general, en el seno familiar.

En el capítulo XXXI del libro “Relación de las cosas de Yucatán”, Fray Diego de Landa, al hablar de los vestidos y adornos de las indias de Yucatán, nos da la siguiente descripción, que puede tomarse como un antecedente del terno actual: “Las indias de la cosa –dice Landa- y de las provincias de Bacalar y Campeche son muy honestas en su traje, porque allende de la cobertura traían de la mitad para bajo (fustán) se cubrían los pechos… con una manta cuadrada (jubón); todas las demás no traían de vestidura más que un como saco largo y ancho, abierto por ambas partes y metidas en él hasta los cuadriles” (hipil).

Más adelante el padre Landa habla de “una manta que, cuando iban en camino usaban llevar cubierta, doblada o enrollada” manta que al correr de los años daría origen al rebozo de múltiples usos, variados colores y diversas facturas. La mujer yucateca usa el reboso pringado de Santa María.

El atavío de las “mestizas” se complementa con unas zapatillas cerradas de tacón recto y trabita, que indispensablemente son blancas como la tela del terno. Estas zapatillas pueden ser de piel, charol o forradas de tela.

Las mujeres del mayab peinan su negra cabellera tirándola para atrás, sin raya en medio, y la enrollan sobre sí misma hasta formar un tuch (chongo) que fijan con una peineta. Sobre el tuch prenden un hermoso lazo de cinta francesa, realizado con un listón de dos metros de largo por diez centímetros de ancho. A un lado del peinado llevan flores naturales.

Ninguna mestiza se sentirá satisfecha de su atuendo si no lleva al cuello las joyas tradicionales: un rosario de filigrana de oro; otro de corales y una gruesa cadena salomónica de dos vueltas, de la que penden varias monedas y una medalla grande con efigie religiosa. Aretes de filigrana y coral, semanarios y pulso de petatillo de oro complementan su ajuar.

El terno es un conjunto que las mestizas usan exclusivamente en las fiestas de la vaquería y con algunas variantes, en las bodas mestizas. En estas ceremonias religiosas la única persona ataviada con el terno es precisamente la novia pero el vestuario difiere de los de la vaquería en el colorido de los ruedos, ya que el que les sirve en las ceremonias nupciales lleva solamente bordados blancos y se complementa con un largo velo de tul que toca el suelo. La cadena salomónica de dos vueltas les sirve como lazo nupcial.

En las otras festividades (cumpleaños, gremios, procesiones, etc.) la mestiza usa invariablemente el hermoso hipil bordado a máquina o en punto de cruz de vivo colores y fustán de popelina rematado con ancho encaje blanco de algodón. El atuendo de diario es parecido al anterior pero mucho más modesto, el hipil no lleva bordados, sino una tira estampada y el fustán carece del mencionado encaje de algodón.

Las guayaberas, prendas masculinas, son un desarrollo de las camisas de manta de una sola pieza, usadas tradicionalmente por los guajiros o campesinos cubanos y por los campesinos mayas. Con el paso del tiempo la guayabera se fue haciendo una prenda más elaborada y elegante, con alforzas, bolsas, botones y, en ocasiones, bordados de grecas.

El traje del mestizo es igualmente elegante y a tono con el clima cálido de Yucatán. Consta de pantalón blanco de corte recto y filipina de popelina blanca alforzada, de manga larga y cuello alto y redondo sin solapa, la cual es usada sobre una camiseta blanca de algodón; los de clase alta cierran esta prenda con fina abotonadura de oro. Complementa su vestuario un pañuelo grande rojo (paliacate) que pende del bolsillo derecho del pantalón.

Llevan sombrero blanco de jipi o palmilla (ajustado con una angosta cinta negra), de dos pedradas al frente, elaborado en Ticul o Halachó. Calzan alpargatas blancas “chillonas”, de cuero de vaqueta, de tacón alto y grueso.

El traje del diario consta de pantalón recto de mezclilla y camisa cerrada por dos botones de hueso, de manta rayada o cotín.
Sombrero de palma, con costura de araña azul o verde. Sin faltarles el inseparable paliacate.

El traje de trabajo o de faena consta de calzón largo de manta, ceñido a la cintura por un delantal del cotín, camiseta de hilo de manga larga, sombrero de palma y alpargatas de plantillas de cuero, sin tacones, sujetadas a los pies con un hilo de henequén corchado que se enrollan hasta los tobillos. Llevan invariablemente un “sabukán” de henequén donde portan sus instrumentos de labranza y sus alimentos y un calabazo o “chuh” donde llevan agua o agua miel para preparar su “pozol”.