Cada 19 de octubre, las fachadas de ayuntamientos, edificios oficiales e incluso algunas empresas amanecen decorados con un inmenso lazo rosa. El mismo que decenas, centenas y miles de ciudadanos colocan de imagen de perfil en sus redes sociales o en su avatar de WhatsApp y el mismo que otros muchos lucen, enganchado a la solapa de la chaqueta. El 19 de octubre es el Día contra el Cáncer de Mama, incluido en un mes que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dedica, íntegro, a la lucha contra este tumor.

¿Pero por qué se utiliza un lazo para conmemorar esta fecha? ¿Y por qué de color rosa? En general, el lazo cruzado se ha venido utilizando como símbolo universal de apoyo a multitud de causas. Lo que quizás es más desconocido es el hecho de que la primera vez que se utilizó fue en la conocida como ‘crisis de los rehenes de Irán’: una crisis que arrancó el 4 de noviembre de 1979 tras la Revolución Iraní en Teherán, donde fueron secuestradas 66 personas en la Embajada de Estados Unidos, a quienes los iraníes exigían que entregaran a Mohamed Reza Pahlevi, el último ‘sha’ iraní, en el exilio.

La situación no se solucionó hasta 1981, 444 días después, cuando Irán accedió a liberar a los rehenes tras la muerte del ‘sha’ —que falleció de cáncer—. Entre los rescatados estaba Bruce Laingen, jefe de la misión diplomática en Teherán, a quien su esposa, Penney, había apoyado en todo momento. A él y a todos los rehenes (53 estadounidenses) les mostró su apoyo de forma silenciosa con un lazo amarillo.

Diez años después fue el grupo Visual AIDS —de lucha contra el VIH— el que copió esta idea, en esta ocasión, con un lazo de color rojo que vistió el actor Jeremy Irons en la entrega de los premios Tony de 1991, como muestra de que esta “epidemia” estaba afectando también a una comunidad que parecía inmune a todo: la de los artistas de Hollywood.
Y al fin, el lazo rosa

De muestra de apoyo en muestra de apoyo, llegó el famoso lazo a las manos de Charlotte Hayley, tiñéndolo entonces de color melocotón. Y fue el que colocó junto a una tarjeta en la que se podía leer: “El presupuesto anual del Instituto Nacional para el Cáncer (de Estados Unidos) es de 1.800 millones de dólares y sólo un cinco por ciento se destina a prevención del cáncer. Ayúdanos a despertar a nuestros legisladores y a Estados Unidos vistiendo este lazo”. Distribuyó miles de estas tarjetas, entregándolas en supermercados y enviándoselas por correo a las mujeres fuertes del país.

Su iniciativa llamó la atención de Alexandra Penney, editora jefe de la revista ‘Self’ y quien, en 1992, estaba escribiendo sobre el mes de octubre y su homenaje a la lucha contra el cáncer de mama. Penney se puso en contacto con Hayley, pero ésta rechazó su idea: era demasiado comercial. Así que la revista sacó su propio lazo: el lazo rosa que ahora conocemos.
Lo hizo a través de una colaboración con la marca de cosmética Estée Lauder, que distribuyó un total de millón y medio de lazos entre sus usuarias. Después de esto, Lauder creó la Fundación de Investigación para el Cáncer de Mama, que ha donado más de 325 millones de dólares a investigación.
Desde entonces, el lazo rosa —y, en general, el color rosa— se ha convertido en la forma más sencilla de mostrar apoyo y solidaridad a una lucha que afecta a un importante número de mujeres.

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